
De los primeros, oí alguna vez que eran “verdaderos sepulcros blanqueados”, que usaban todo el año para pecar y tan solo el jueves y el viernes se acordaban de Cristo El Redentor para mostrarse de manera hipócrita sin dar la cara a los ofendidos. De los segundo tengo malos recuerdos de los 60, cuando nos manifestábamos a cara abierta: quizás ese era el sello de la época en la que fue “prohibido prohibir”, la rebeldía sana contra toda autoridad era lo que mostrábamos a la gente, que entre otras cosas nos miraba con ciertas simpatías. Recuerdo una hermosa anécdota de Jaime Pardo Leal, gran patricio de la Unión Patriótica, que me contó de su efímero paso por las pedreas bogotanas.
Efímera, porque en la primera que participó, y debido a su mala vista, hirió gravemente con una piedra al compañero que marchaba adelante, por lo que las directivas lo relegaron a “oficios domésticos”. “Usted maneje las ideas que nosotros manejamos la piedra”, le dijeron. Pero si tengo miedo de los encapuchados más miedo me producen los sabuesos a destiempo. Esos Sherlock Holmes cazadores de resultados políticos que por las presiones del momento muestran descubrimientos peligrosos que ya conocíamos desde hace tiempo. Porque no me vengan a decir que hasta ahora sabemos de los “trabajos ideológicos” de las Farc, el ELN, el EPL, el M-19 y hasta las AUC, en los campos sagrados de los claustros universitarios.
Eso sería descubrir que el agua moja. Y tampoco me vengan a decir los ‘nuevos descubridores’ que es la primera vez que aparecen encapuchados en el alma máter. Y que no venga a rasgarse las vestiduras la senadora Parody con la parida que “ni el Che ni Castro ni Chávez usaron la careta para exponer sus ideales”, sin acordarse del comandante Marcos en México. O a deducir que los anteriores no lo hicieron porque en las épocas que vivieron desde el ‘bogotazo’, la protesta dependía de la presencia y del verbo. Ahora ya no hay tiempo para eso doctoras investigadoras. Ahora el tiempo se marca en cuarzo y no en el reloj de arena de esas épocas. Ahora la imagen y las palabras se definen entre virtuales y reales, y unas con otras forman el momento de miedo que rodea exponer ideas contrarias.
No justifico lo ocurrido en la Universidad Distrital. Pero sí advierto que esto tiene lo que tiene el universo de nacido. Y que las tales conexiones internacionales con México y Brasil también se conocieron desde cuando un embajador nuestro en el D.F. denunció la oficina de las Farc en la Unam, entonces con ‘Marcos Calarcá’ a la cabeza. Acordémonos también que en Brasil está preso Camilo, ‘El Cura’, y que hay más conexiones conocidas públicamente. Así que ojalá estos ‘nuevos descubrimientos’, aparte de destapar los rostros de los pensadores escondidos, no se vayan a convertir en cacería de brujas y violaciones del claustro sin ton ni son o en acusaciones sin piso. Es bueno descubrir, pero es peligroso generalizar.





